Violencias legitimadas.

Decís apenas tocarme,
pero me asfixiás.

Ellos son los que temen.
se percatan desde donde me están viendo:
Soy miniatura,
pero no hay piedad.
“No hay presupuesto para la piedad.
Nos alcanza para la masacre”.
Y reparten, así,
la masacre
de casas, infancias, inocencias.
Ellos son los que temen.
Se percatan desde donde me están escupiendo:
Soy minitaura,
pero no hay empatía.
“La empatía no te sirve para ganar el juego.
Se juega así: Yo puedo usar el escudo y la espada.
Vos, violento, naciste decapitado.”
Y te miran mal,
si pedís una moneda para el pan.
Y te miran mal,
si sos adicto a querer callar  la cabeza.
Como si fuéramos tan distintos…
Pero,
ellos son los que temen.
Se percatan desde donde me están aplastando:
Soy miniatura,
pero soy peligro.
“Qué peligrosa la calle.
Terminemos con la enfermedad extirpando el órgano infectado.
Tanto virus… en algún momento seremos inmunes”.
Pero son ellos los que temen,
yo no.
Porque yo puedo pagar por el miedo.

*

Decís apenas tocarme,
pero me asfixiás.

¡Es amor!
Él
(Jamás ella)
es blanco,
puro,
santo
(santísimo),
incorruptible,
superior.

Te amo,
católico,
hétero,
obediente,
pro vida.
Te asesino
puto y puta,
politeísta o
ateo.
Querés mi amor,
porque sin él
ya nada sos.
Arrepentite,
dale.
Yo perseguí
y maté,
pero fue en nombre de Él
(Jamás ella)
¿Vos?
¿En nombre de quién pensaste
la ilusión de la autonomía de tu cuerpo?
Arrepentite,
dale.

Oremos,
que el ardor del infierno
(dicen)
no te va a gustar nada.

Melina Mendoza

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